Cuenta la fábula que un caminante atravesaba el bosque cuando se encontró con una osa enfurecida. Unos cazadores le habían robado sus cachorros. El animal destrozaba ramas, levantaba polvo y lanzaba rugidos que estremecían la montaña.
El caminante sintió miedo, guardó distancia y esperó. La osa olfateó el camino, encontró el rastro de sus crías y corrió tras ellas. No buscaba poder, aplausos ni reconocimiento. Su furia tenía una razón, un objetivo y también tendría un final.
Más adelante, el caminante se encontró con un necio que acababa de perder una carrera, nadie le había robado nada, simplemente no fue elegido.
Aun así, gritaba que todavía podía ganar, pateaba las puertas que ya le habían cerrado y culpaba a todos de su derrota. Sus consejeros, temerosos de perder los privilegios que habían disfrutado a su lado, le susurraban al oído: —Sigue adelante, todos están equivocados menos tú, todavía puedes recuperar lo que nunca fue tuyo.
El necio les creyó. Atacó a quienes antes llamaba aliados, se confrontó con quienes tomaron la decisión y comenzó a incendiar el mismo camino por el cual algún día pretendía regresar.
Cualquier parecido con CJ no es producto de la casualidad.
Desde que lo bajaron de la contienda, ya no haya qué hacer para llamar la atención. Patalea, se confronta, escucha el canto de sus asesores e insiste en meterse a una carrera donde ya le cerraron la puerta. El problema no es haber quedado fuera, en toda competencia alguien pierde. El verdadero problema es no entenderlo, y convertir la frustración en espectáculo.
A CJ lo bajaron de la contienda, pero sus asesores todavía le hacen creer sigue arriba. Le dicen exactamente lo que desea escuchar, aunque saben que el barco ya zarpó sin él.
Así trabajan los aduladores: nunca le dicen al derrotado que la carrera terminó. le aseguran que todavía tiene posibilidades, con tal de seguir cobrando un lugar cerca de su mesa.
CJ encantado con ese canto de sirenas, sigue avanzando hacia un naufragio que todos ven… menos él.
Entonces el caminante comprendió la enseñanza de aquel día:
La osa podía ser peligrosa, aunque su furia tenía una causa y un final. El necio era mucho más peligroso, pues su soberbia no reconocía límites, su ambición no aceptaba derrotas y sus asesores alimentaban diariamente su desvarío.
El caminante prefirió regresar con la osa, al menos ella sabía qué buscaba, reconocía el camino y no necesitaba un grupo de aduladores para convencerla de que el bosque le pertenecía.
Martillazooo final
La osa enfurecida resulta peligrosa, nadie lo discute, gruñe, enseña los dientes y arremete contra quien se atraviese entre ella y sus cachorros. Sin embargo, hasta su furia tiene una explicación, una dirección y un límite, cuando recupera lo que ama, se retira al bosque.
El necio funciona distinto.
No acepta límites, no reconoce derrotas ni entiende que una puerta cerrada también representa una respuesta, confunde terquedad con valentía, frustración con liderazgo y patadas de ahogado con estrategia. Cuanto más evidente resulta su derrota, más fuerte grita que todavía puede ganar.
CJ no quedó fuera por culpa de una conspiración, lo bajaron de una contienda en la que alguien tenía que ser elegido y otro debía quedarse en el camino. Ese no es el verdadero problema, el problema comenzó después, cuando decidió pelearse con la realidad.
Ahora patalea, se confronta y convierte su frustración en espectáculo. A su alrededor, los mismos asesores que debieron advertirle que la carrera había terminado siguen alimentando la fantasía del regreso. Le dicen que todavía hay tiempo, que puede presionar, que haciendo suficiente ruido volverán a abrirle la puerta.
No lo orientan: lo empujan. No lo protegen: protegen el lugar que ocupan junto a él.
Es el viejo canto de las sirenas: una melodía agradable para el oído, mortal para quien conduce el barco. Jáuregui la escucha encantado, convencido de que navega hacia la candidatura, sin darse cuenta de que todos observan las rocas frente a él.
La osa sabe por qué pelea. El necio ni siquiera entiende que ya perdió.
De la osa todavía puede uno alejarse. Del necio, sus patadas, su soberbia y sus aduladores, debe uno cuidarse todo el partido.
El que entendió, entendió! Los demás que sigan escuchando el canto de las sirenas
P.D. La única culpa de CJ es que escucha a quien no debe escuchar. La solución es muy sencilla.
MARTILLAZOOO!
QDTB SIEMPRE y recuerda que lo mejor está por venir!
