Una alternativa práctica, económica y sorprendente se ha vuelto tendencia en cocinas mexicanas: la llamada “salsa de aguacate sin aguacate”, una receta que logra imitar la textura cremosa y el sabor del guacamole tradicional, pero sin utilizar este ingrediente.
Con base en calabacita, tomatillo y chile jalapeño, esta preparación destaca por su consistencia espesa, su color verde intenso y su versatilidad para acompañar diversos platillos.
Ingredientes:
- 2 calabacitas medianas
- 4 a 5 tomatillos
- 2 chiles jalapeños (ajustar al gusto)
- 1 diente de ajo grande
- 1 manojo de cilantro fresco
- 1/4 de taza de aceite vegetal
- Sal al gusto
Preparación:
Primero, se deben lavar bien los ingredientes. Las calabacitas se cortan en rodajas y se retiran los tallos de los chiles y tomatillos.
Posteriormente, se hierven las calabacitas y los tomatillos durante aproximadamente 8 a 10 minutos, cuidando que estos últimos no se revienten para evitar un sabor amargo.
En paralelo, los chiles jalapeños y el ajo se saltean ligeramente en un sartén con un poco de aceite hasta dorarlos.
Una vez listos, todos los ingredientes se colocan en la licuadora: calabacitas y tomatillos escurridos, chiles, ajo, cilantro y sal.
Mientras se licúa, se agrega el aceite en forma de hilo, lo que permite generar una emulsión que aporta la textura cremosa característica y el color brillante similar al aguacate.
Finalmente, se deja enfriar antes de servir, ya que la salsa tiende a espesar aún más al reposar.
Esta receta no solo destaca por su sabor, sino también por su practicidad, ya que al no contener aguacate, mantiene su color por más tiempo sin oxidarse.
Ideal para acompañar tacos, carnes asadas o antojitos mexicanos, esta salsa se posiciona como una opción funcional y deliciosa en la cocina diaria.
