Ciudad de México.- Hoy es el héroe que llevó a Paraguay a los octavos de final del Mundial 2026 tras eliminar a Alemania en la tanda de penales, pero hace apenas unos años Orlando Gill enfrentaba una realidad completamente distinta: tuvo que vender sus botines, la ropa que le entregaba su club e incluso una camiseta de la selección paraguaya para poder llevar comida a su familia.
El arquero de 26 años vivió una de las etapas más difíciles de su vida tras el nacimiento de su hijo Lautaro, quien presentó complicaciones de salud que generaron gastos médicos imposibles de cubrir para la familia.
Ante la falta de recursos, Gill tomó la decisión de desprenderse de todo lo que tenía valor. Vendió sus botines, tenis, uniformes del club y hasta una camiseta que había conservado como recuerdo de su participación con la selección paraguaya Sub-20.
“No teníamos nada. Vendió botines, zapatillas, todo… literalmente vendió todo”, recordó su esposa Melissa Ávalos al relatar los momentos más complicados que atravesaron como familia.
A principios de 2024, el guardameta llegó a San Lorenzo de Almagro procedente del futbol paraguayo. Aunque inició jugando con el equipo de Reserva, sus actuaciones llamaron rápidamente la atención y logró debutar en Primera División, donde terminó consolidándose como uno de los jugadores más destacados del club argentino.
Su crecimiento deportivo también lo llevó a la selección de Paraguay. Debutó con la Albirroja en septiembre de 2025 y, gracias a su nivel, se ganó la confianza del técnico Gustavo Alfaro para convertirse en el arquero titular.
Este lunes escribió una de las páginas más importantes de su carrera al ser figura en la victoria paraguaya sobre Alemania en el Mundial 2026, con varias intervenciones decisivas y una actuación memorable en la tanda de penales.
La historia de Orlando Gill se ha convertido en un ejemplo de perseverancia y sacrificio, demostrando que detrás de cada éxito muchas veces existen años de esfuerzo, dificultades y decisiones que cambian el rumbo de una vida.
