Mucho antes de las redes sociales, los grupos de WhatsApp y las cadenas virales de internet, Chihuahua vivió uno de los episodios de rumor colectivo más recordados de su historia reciente: la noche en que cientos de personas creyeron que el Cerro Grande estaba a punto de explotar.
La historia comenzó como empiezan muchas leyendas urbanas: de boca en boca. A través de llamadas telefónicas, comentarios entre vecinos y conversaciones en las tiendas de la esquina, empezó a circular una versión que aseguraba que el emblemático Cerro Grande ocultaba un enorme depósito de agua en su interior.
Según el rumor, la presión acumulada era tan grande que el cerro estaba presentando grietas y que en cualquier momento podría reventar, provocando una inundación catastrófica que arrasaría colonias del sur de la ciudad e incluso parte de Aquiles Serdán.
La teoría parecía absurda, pero para muchas personas tenía sentido debido a varios factores que alimentaron la preocupación.
En la cima del cerro se realizaban trabajos relacionados con antenas de comunicación, por lo que durante las noches podían observarse luces y movimiento en la zona. Para algunos, aquello era evidencia de que especialistas intentaban evitar una tragedia.
Al mismo tiempo, las detonaciones provenientes de las minas de Santa Eulalia generaban vibraciones y estruendos que podían sentirse en distintos sectores de la ciudad. Cada explosión reforzaba la creencia de que el cerro estaba a punto de colapsar.
Con el paso de los días el rumor creció hasta convertirse en un auténtico fenómeno de pánico colectivo.
Familias completas de colonias cercanas decidieron abandonar temporalmente sus hogares para refugiarse con familiares que vivían en otros sectores de la ciudad. Otras personas permanecieron despiertas durante toda la noche observando la silueta del Cerro Grande, esperando cualquier señal que confirmara la inminente catástrofe.
Incluso se reportó una fuerte saturación en líneas telefónicas de corporaciones de emergencia y estaciones de radio, donde ciudadanos buscaban información sobre la supuesta amenaza.
Sin embargo, la mañana siguiente llegó sin explosiones, sin inundaciones y sin ningún cambio en el paisaje de Chihuahua.
Ante la magnitud del rumor, especialistas y autoridades tuvieron que explicar públicamente que el Cerro Grande es una formación geológica sólida, sin cavidades gigantes ni acumulaciones de agua capaces de generar un fenómeno de esa naturaleza.
También aclararon que las vibraciones correspondían a actividades mineras y que las luces observadas en la cima estaban relacionadas con trabajos de mantenimiento en las antenas instaladas en la zona.
Con el paso de los años, aquella noche quedó grabada en la memoria colectiva de los chihuahuenses como una de las leyendas urbanas más famosas de la ciudad.
Hoy el Cerro Grande sigue observando la capital desde el sur, convertido en símbolo de Chihuahua y recordando una época en la que un rumor logró poner en alerta a toda una ciudad.
Porque antes de Facebook, TikTok, X o WhatsApp, Chihuahua ya conocía perfectamente el poder de un chisme bien contado.
