03
Nov
En el verano de 1911, mientras otros niños corrían tras luciérnagas y jugaban bajo el sol, una niña llamada Nan de Gallant, de apenas nueve años, caminaba por las calles silenciosas de Eastport, Maine, rumbo a la planta número 2 de la Seacoast Canning Co. Cada madrugada, desde el número 4 de Clark Street, recorría casi dos kilómetros para comenzar una jornada que ningún niño debería conocer. Allí, entre el ruido del metal y el olor persistente del pescado, pasaba más de 15 horas enlatando sardinas, una tras otra, sin descanso y sin juegos. El suelo húmedo de salmuera, el…
