Muchas personas creen que la diabetes aparece de un día para otro, cuando un análisis revela niveles elevados de glucosa. Sin embargo, especialistas advierten que el organismo puede pasar varios años enviando señales silenciosas antes de llegar a ese diagnóstico.
El páncreas, un órgano ubicado detrás del estómago, es el encargado de producir insulina, la hormona que permite que la glucosa entre a las células para convertirse en energía. Cuando existe un consumo frecuente de azúcares y carbohidratos refinados, este órgano debe trabajar constantemente para mantener estables los niveles de glucosa en la sangre.
Con el paso del tiempo, ese esfuerzo continuo puede disminuir la capacidad de las células que producen insulina. De acuerdo con estudios médicos, cuando una persona es diagnosticada con diabetes tipo 2, es posible que ya haya perdido entre el 50 y el 80 por ciento de la función de estas células.
Los especialistas señalan que este deterioro suele desarrollarse durante varios años y, en sus primeras etapas, puede retrasarse o incluso revertirse mediante cambios en el estilo de vida.
Entre las principales recomendaciones para proteger la salud del páncreas destacan reducir el consumo de bebidas azucaradas y alimentos ultraprocesados, aumentar la ingesta de fibra, realizar actividad física de forma regular y caminar durante algunos minutos después de las comidas para ayudar a controlar los niveles de glucosa.
También se recomienda mantener revisiones médicas periódicas, especialmente en personas con antecedentes familiares de diabetes, sobrepeso abdominal o niveles de glucosa cercanos al límite superior de lo normal.
Los expertos coinciden en que la prevención y la detección temprana siguen siendo las mejores herramientas para disminuir el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 y sus complicaciones.
