“Té por ocho”: la curiosa historia detrás de la palabra “teporocho”

Ciudad de México.– Es una palabra que prácticamente cualquier mexicano reconoce, pero cuyo origen sigue siendo motivo de debate. “Teporocho”, utilizada popularmente para referirse a una persona con alcoholismo en situación de indigencia, tendría detrás una historia que se remonta, según la tradición oral, hasta los tiempos del Porfiriato.

La versión más extendida señala que en aquella época se vendía té de hojas de naranjo o canela por cinco centavos. Quienes querían algo más fuerte podían pedir la misma bebida con un chorrito de alcohol por ocho centavos.

Con el tiempo, los clientes habrían dejado de explicar el pedido y simplemente solicitaban un “té por ocho”. La repetición habría transformado la expresión: té por ocho, té-por-ocho… hasta convertirse en “teporocho”, palabra que posteriormente comenzó a utilizarse para identificar a quienes consumían alcohol en exceso.

Otra explicación fue recogida por Jesús Flores Escalante en su libro Morralla del caló mexicano. En esta versión, un vendedor del Mercado de La Merced ofrecía té con alcohol por diez centavos, pero la aparición de un competidor con un precio menor lo habría obligado a reducirlo a ocho. De ahí habría nacido nuevamente el “té por ocho”.

Sin embargo, hay un detalle importante: ninguna de estas historias ha podido comprobarse documentalmente. La Academia Mexicana de la Lengua registra “teporocho” como mexicanismo y lo define como “alcohólico indigente”, pero considera incierta su etimología. La famosa explicación de los ocho centavos se mantiene principalmente gracias a la tradición oral.

El término también encontró un lugar en la cultura popular mexicana. Armando Ramírez lo llevó a la literatura con Chin Chin el teporocho, obra ambientada en los barrios populares de la Ciudad de México que posteriormente fue adaptada al cine por Gabriel Retes en 1976.

La palabra sobrevivió al paso de las décadas y terminó incorporándose al lenguaje cotidiano. Su verdadero nacimiento quizá permanezca sin resolver, pero aquella historia del “té por ocho” sigue siendo una de las explicaciones más populares para una palabra profundamente mexicana.

Otras notas de interés