Ciudad.— Más allá de ser una actividad cardiovascular, nadar se consolida como una práctica con beneficios directos para la salud cerebral, de acuerdo con hallazgos de la neurociencia publicados en el Journal of Physiology y reportes de la Escuela de Medicina de Harvard.
Especialistas explican que el “superpoder” del ejercicio acuático está en la presión hidrostática. Al sumergirse, el agua ejerce una compresión suave sobre los vasos sanguíneos, lo que impulsa hasta 14% más sangre hacia el cerebro, incrementando el aporte de oxígeno y nutrientes.
Además, el movimiento repetitivo de la brazada y la respiración controlada inducen un estado similar a la meditación profunda. Este proceso estimula la liberación del BDNF, una proteína conocida como “fertilizante cerebral”, asociada con la reparación neuronal, la reducción del estrés y la mejora de la memoria.
Los estudios también señalan que la inmersión en agua ayuda a calmar el sistema nervioso casi de inmediato, mejora el estado de ánimo mediante la liberación de serotonina y endorfinas, y aporta claridad mental al aumentar el flujo sanguíneo cerebral.
Expertos coinciden en que nadar no solo fortalece el cuerpo, sino que funciona como un “reinicio biológico” para la mente, convirtiéndose en una opción efectiva para quienes enfrentan estrés, bloqueo mental o fatiga cognitiva.
Contenido educativo. Fuente: Carter, 2014; Journal of Physiology; reportes de la Escuela de Medicina de Harvard.
