Ciudad de México.– La glándula tiroides es clave para el metabolismo, la energía y la regulación de la temperatura corporal. Padecimientos como el hipotiroidismo y la tiroiditis de Hashimoto afectan a millones de personas, especialmente mujeres, y suelen tratarse con hormona sintética (levotiroxina) para suplir la producción insuficiente.
En espacios de medicina alternativa se ha difundido un protocolo que propone aplicar aceite de ricino en el cuello —mediante una cataplasma con calor moderado de 30 a 45 minutos, 3 a 4 veces por semana— con la intención de “estimular el flujo linfático” y reducir la inflamación local en casos de nódulos tiroideos o bocio leve.
Quienes promueven esta práctica señalan que el ácido ricinoleico del aceite de ricino favorecería el drenaje linfático y la disminución de la inflamación. Como referencia, citan el International Journal of Naturopathic Medicine, en el artículo “Topical Ricinoleic Acid and Lymphatic Flow Stimulation”, donde se aborda la estimulación del flujo linfático con ácido ricinoleico de uso tópico.
No obstante, especialistas en endocrinología advierten que, aunque el aceite de ricino puede tener efectos antiinflamatorios locales en la piel, no existe evidencia clínica sólida que demuestre que esta técnica reduzca nódulos tiroideos o revierta enfermedades autoinmunes como Hashimoto. Asimismo, recalcan que suspender o modificar la terapia hormonal sin supervisión médica puede implicar riesgos.
Expertos recomiendan que ante síntomas como fatiga persistente, aumento de peso inexplicable, caída de cabello o alteraciones menstruales, se acuda a valoración médica con estudios de laboratorio y seguimiento profesional. Cualquier tratamiento complementario debe discutirse previamente con un especialista.
La salud tiroidea, coinciden, requiere diagnóstico oportuno, información basada en evidencia y acompañamiento médico continuo.
