En el estado de Wisconsin, Estados Unidos, existió un personaje cuya forma de enfrentar la vida llamó la atención de propios y extraños durante décadas. Se trataba de Arthur “Turkey” Gehrke, un tabernero del pequeño poblado de Watertown que adoptó una rutina poco común: pasar prácticamente todo el invierno durmiendo.
De acuerdo con registros periodísticos de la época, Gehrke comenzaba su peculiar hábito cada mes de noviembre, cuando se despedía de sus conocidos, se retiraba a su habitación y permanecía en cama hasta la llegada de la primavera, alrededor de abril.
El propio Gehrke explicaba su decisión de manera sencilla. Señalaba que al “hibernar” evitaba los problemas propios de la temporada invernal y del entorno cotidiano. “Tal vez me pierda algo de diversión, pero también evito muchas cosas desagradables”, expresó en entrevistas con medios locales.
Su rutina no representaba un obstáculo para su actividad económica. Gehrke era propietario de un establecimiento llamado Turkey’s Roost, el cual continuaba operando durante su ausencia. Para ello, contrataba a un encargado temporal que se hacía cargo del negocio mientras él permanecía retirado.
La historia del tabernero se volvió tan conocida que atrajo la curiosidad de visitantes, quienes acudían al lugar para conocer más sobre el hombre que “desaparecía” durante el invierno.
Según publicaciones como el Milwaukee Journal, esta práctica comenzó alrededor de 1913 y se mantuvo durante casi tres décadas. Una de las pocas ocasiones en que interrumpió su rutina fue tras el fallecimiento de su esposa Grace, cuando tuvo que atender asuntos familiares.
Arthur Gehrke falleció en 1942, dejando tras de sí una de las historias más singulares documentadas en la vida cotidiana de Estados Unidos.
Su caso ha sido recordado como una curiosidad humana que desafía las formas tradicionales de enfrentar el tiempo, el clima y las dificultades, al optar por una pausa literal de la vida durante varios meses cada año.
