En 1987, el banquero estadounidense Steven Rothstein aceptó una oferta que parecía imposible de rechazar: pagar 250 mil dólares a American Airlines para volar en primera clase, a cualquier parte del mundo, de por vida.
Durante 21 años, Rothstein convirtió ese pase en una leyenda. Realizó cerca de 10 mil vuelos, acumuló más de 30 millones de millas y cruzó el planeta como quien toma el transporte diario. Pero más allá del lujo, transformó ese privilegio en algo humano: regaló vuelos a personas que no podían pagarlos y ayudó a viajeros varados, sin buscar reflectores.
La historia dio un giro trágico tras la muerte de su hijo Josh en 2002. En medio del duelo, Rothstein comenzó a hacer múltiples reservas que no siempre utilizaba. Para la aerolínea, era abuso del sistema. Para él, era una forma de no sentirse solo.
El 13 de diciembre de 2008, en la puerta de abordaje del aeropuerto O’Hare, American Airlines canceló su pase “para siempre” de manera inmediata, acusándolo de uso fraudulento. Siguieron demandas, juicios y años de disputa legal.
El caso dejó una pregunta abierta: ¿falló el cliente por usar al límite lo que compró, o la empresa por vender una promesa que nunca debió existir?
Lo único claro es que, durante dos décadas, Steven Rothstein vivió una libertad absoluta… hasta que el “para siempre” se acabó.
