“Volví de Estados Unidos con una sola obsesión: ropa buena, bonita y barata. Nadie me creía… hasta que lo hice realidad.”
Crecí viendo cómo la gente sencilla no podía acceder a ropa moderna sin dejar el sueldo en una tienda. No venía de una familia rica, y tuve que aprender a vender desde niño. Empecé repartiendo leche con bicicleta en la nieve, sin importar que me sangraran las manos del frío.
En 1947, después de un viaje a EE.UU., quedé impresionado con sus tiendas de autoservicio. Vi algo que Europa no conocía: moda accesible para todos. Regresé con una idea clara, pero cuando dije que abriría una tienda de ropa económica en Suecia, se burlaron de mí. Me dijeron que era imposible competir con las grandes casas de moda.
Aun así, abrí mi primera tienda en Västerås. La llamé Hennes (“Para ellas”). Vendíamos sólo ropa femenina, pero los obstáculos eran diarios: proveedores que no querían venderme, clientes que desconfiaban de los precios bajos, y semanas enteras sin ventas. Dormía poco, y lo arriesgué todo. Una vez estuve a punto de cerrar, hasta que empecé a fabricar mi propia ropa con diseños simples pero atractivos.
Con los años, compré la tienda Mauritz Widforss, que vendía ropa masculina, y nació H&M (Hennes & Mauritz). Pasé de ser el joven del pueblo con sueños ridículos, al hombre que vistió al mundo sin que la billetera doliera. A los que dudaron… gracias, me dieron más ganas de demostrarles que sí se podía.
“A veces, lo que cambia tu vida no es el dinero, sino una idea que nadie más cree posible. Por eso, nunca te calles cuando algo dentro de ti grita que lo intentes.”
— Erling Persson
