Una de las historias más impactantes en la aviación ocurrió en 1959, cuando el piloto militar William Rankin logró sobrevivir a condiciones extremas tras eyectarse de su aeronave a más de 47 mil pies de altura.
El incidente se registró el 26 de julio de ese año, cuando el teniente coronel volaba un avión F-8 Crusader sobre el sureste de Estados Unidos y sufrió una falla repentina en el motor.
Ante el riesgo inminente, tomó la decisión de eyectarse, siendo expulsado hacia un entorno con temperaturas cercanas a los -50 grados y con niveles mínimos de oxígeno.
Tras la expulsión, su cuerpo experimentó los efectos de la descompresión a gran altitud, lo que le provocó sangrado y una intensa presión física.
Sin embargo, el mayor desafío vendría después: al desplegarse su paracaídas, quedó atrapado dentro de una nube de tormenta tipo cumulonimbo, donde fue sometido durante varios minutos a corrientes ascendentes violentas, granizo, lluvias intensas y descargas eléctricas.
El piloto fue arrastrado repetidamente por el sistema de tormenta, incapaz de controlar su descenso, enfrentando condiciones que normalmente resultarían letales.
Después de aproximadamente 40 minutos, logró salir de la tormenta a menor altitud, retomando una caída más estable hasta impactar en una zona boscosa en Carolina del Norte.
A pesar de las lesiones, Rankin sobrevivió y logró pedir ayuda, sorprendiendo a médicos y especialistas por la resistencia de su cuerpo ante condiciones extremas.
Su experiencia fue documentada posteriormente en el libro The Man Who Rode the Thunder, convirtiéndose en un caso de estudio en materia de meteorología y seguridad aérea.
Fuente: Air Force Times (“Meet the Marine who ‘rode the thunder’ and lived to tell the tale”, 18 de julio de 2023)
