El legendario boxeador mexicano Julio César Chávez compartió uno de los momentos más duros de su carrera: la noche en que perdió el invicto después de 90 combates, una derrota que, aseguró, marcó un antes y un después en su vida personal y profesional.
Chávez relató que, tras casi 14 años sin conocer la derrota, su primera caída ocurrió en un contexto complicado, ya que enfrentaba problemas de adicción que ya se encontraban avanzados, aunque aún continuaba ganando peleas gracias a su talento.
El combate ante Frankie Randall en Las Vegas representó ese punto de quiebre. El pugilista mexicano recordó la sorpresa y confusión que sintió al perder, así como el impacto emocional al ver la reacción de la gente.
“Yo no lo podía creer, veía a toda la gente llorando, todos bien tristes”, relató.
Uno de los momentos que más lo marcó fue al despertar después de la pelea, cuando su hijo le recordó lo sucedido. Chávez confesó que, en ese instante, ni siquiera recordaba que había sido derrotado.
El regreso a Culiacán también fue significativo. A pesar de haber perdido, fue recibido por miles de personas que salieron a mostrarle su apoyo, un gesto que lo hizo dimensionar el cariño y reconocimiento que había construido a lo largo de su carrera.
El ex campeón mundial reconoció que esa derrota fue la más impactante, incluso por encima de otras posteriores, ya que llegó después de una larga racha invicta que pudo haber alcanzado las 100 peleas.
Chávez señaló que, de no haberse desviado por situaciones personales, su historia deportiva pudo haber sido distinta, aunque reconoció que ese episodio fue determinante en su trayectoria.
