El escándalo alrededor de Kristi Noem, conocida como la “Barbie del ICE”, no se detiene. Tras su salida del Departamento de Seguridad Nacional, ahora también quedó fuera uno de los nombres que ella misma impulsó dentro de la estructura de Customs and Border Protection: Joseph Mazzara.
Su salida confirma lo que ya se comenta en Washington: el grupo de poder que Noem construyó dentro del DHS se está desmoronando pieza por pieza. La señal política es clara y contundente, ya que no solo cayó la exfuncionaria, sino que también comienzan a ser removidos los perfiles que colocó para operar al interior del organismo.
Este movimiento deja a Noem en una posición todavía más debilitada, ya no como una exfuncionaria que enfrentó dificultades, sino como el centro de una gestión señalada por su estilo personalista y por el desgaste interno que provocó.
El relevo también llamó la atención. En lugar de Mazzara fue designado Ron Vitiello, un veterano del sistema migratorio que ya había estado al frente de ICE de manera interina. La decisión resulta irónica, ya que en el pasado Donald Trump retiró su nominación formal al considerar que no era lo suficientemente duro para el cargo. Ahora regresa como una especie de solución ante el caos interno.
La caída de Noem ya venía acompañada de polémica. En las últimas horas, además, surgieron nuevos detalles sobre el costo de una campaña publicitaria realizada en Mount Rushmore, donde se habrían destinado cerca de 24 mil dólares en recursos públicos para maquillaje, peinado y renta de caballos.
Este episodio reforzó la imagen de una funcionaria más enfocada en la proyección personal que en la operación institucional, combinando propaganda, estética y gasto público en un contexto de crisis interna.
A esto se suman reportes sobre tensiones dentro del propio Departamento de Seguridad Nacional, purgas internas y una estructura afectada por recortes y complicaciones operativas.
Con cada nuevo detalle, el caso crece. Primero fue su salida, después los cuestionamientos por gastos, y ahora la caída de uno de sus operadores más cercanos.
El golpe político es cada vez más evidente: Kristi Noem no solo fue removida del cargo, ahora también enfrenta el desmantelamiento de su red y un deterioro constante de su imagen pública.
