Hablar de dulces en México es hablar de tradición, de recuerdos y de sabores que atraviesan generaciones, y entre todos ellos, el mazapán ocupa un lugar especial en el corazón de millones de personas. Aunque su origen no es mexicano, este dulce logró convertirse en un símbolo nacional gracias a una marca que supo entender el paladar del país y construir una identidad propia: De la Rosa.
La historia comienza en la década de 1950, cuando Don Jesús Michel González y Doña Elvira Velasco Rolón decidieron abrir una pequeña tienda de dulces en Guadalajara, Jalisco. Con una familia numerosa de trece hijos y la necesidad de generar ingresos, apostaron por emprender, sin imaginar que ese esfuerzo terminaría por consolidar una de las marcas más representativas del país. Fue Don Jesús, con conocimientos adquiridos en la industria farmacéutica, quien desarrolló las primeras fórmulas que darían vida al producto estrella: el mazapán de cacahuate.
En sus inicios, el dulce se comercializaba bajo el nombre de “Conitas” y tenía como distintivo un logotipo con tres fresas, pero tras un conflicto por registro de marca, la familia decidió cambiar la imagen por una rosa, inspirada en el apodo de Guadalajara como la “Ciudad de las rosas”. Curiosamente, fueron los propios consumidores quienes comenzaron a llamar al producto “mazapán De la Rosa”, nombre que con el tiempo se adoptó de manera oficial y que hoy es reconocido dentro y fuera de México.
Con el paso de los años, la empresa creció de forma constante hasta consolidar una infraestructura industrial importante. En 1969 se estableció en Tlajomulco, donde actualmente cuenta con instalaciones que superan los 100 mil metros cuadrados, además de otras plantas en Guadalajara y San Sebastián. En estos espacios se elaboran no solo mazapanes, sino también una amplia gama de productos como chocolates, gomitas, caramelos y cacahuates japoneses, que han permitido diversificar la marca sin perder su esencia.
Tras el fallecimiento de Don Jesús Michel González en 1984, la empresa pasó a manos de sus hijos, manteniendo su carácter familiar. Actualmente, el liderazgo recae en Enrique Michel Velasco, séptimo hijo del matrimonio fundador, quien ha continuado con la visión original del negocio y es conocido como “El Rey del Mazapán”. Bajo su dirección, la compañía ha logrado expandirse a mercados internacionales como Estados Unidos, Canadá, Europa y Medio Oriente, llevando un producto profundamente mexicano a distintas partes del mundo.
Más allá del crecimiento económico, Dulces De la Rosa ha destacado por mantener un enfoque social en su operación. La empresa emplea a más de 2 mil 500 personas y ha optado por conservar procesos de producción con alta participación humana, evitando la automatización total para no afectar fuentes de empleo. Además, ha impulsado iniciativas educativas y proyectos que buscan generar impacto positivo en la comunidad, consolidando así un modelo empresarial que combina tradición, responsabilidad social y permanencia generacional.
A lo largo de su historia, la marca también ha logrado hitos simbólicos, como la creación del mazapán más grande del mundo en 2018, con una altura de 1.2 metros, reflejando no solo capacidad industrial, sino también el arraigo cultural de un producto que forma parte de la identidad mexicana.
Hoy, el mazapán De la Rosa no es solo un dulce, es un símbolo. Un recordatorio de que las grandes historias empresariales pueden comenzar en lo pequeño, crecer con esfuerzo familiar y mantenerse vigentes gracias a la conexión con la gente. Porque en cada pieza de mazapán no solo hay azúcar y cacahuate, hay tradición, historia y un pedazo de México.
