En un momento que calificó como histórico para el país, el secretario general de Gobierno de Chihuahua, Santiago de la Peña, fijó una postura pública que no solo respalda una decisión partidista, sino que también deja ver un movimiento político con fondo. Tras el anuncio del Partido Acción Nacional de abrir completamente sus candidaturas a la ciudadanía, el funcionario estatal no se limitó a opinar: decidió posicionarse.
De la Peña expresó que esta apertura representa mucho más que un cambio interno dentro del PAN, al considerarla un llamado directo a la sociedad para participar activamente en la vida pública. Señaló que este nuevo esquema rompe con prácticas tradicionales donde las decisiones se tomaban de manera cerrada y sin transparencia, y destacó que ahora serán los perfiles con mayor conexión con la ciudadanía quienes encabecen los proyectos políticos.
“No más decisiones cerradas, no más candidaturas definidas desde lo obscurito”, afirmó, marcando una línea clara frente a los métodos del pasado y reforzando la narrativa de apertura que el partido busca impulsar a nivel nacional.
Sin embargo, el punto clave de su mensaje no fue únicamente el respaldo a esta estrategia, sino su postura personal frente a este nuevo escenario. “Acepto el reto”, declaró, dejando en evidencia su disposición a participar en esta etapa que, según sus propias palabras, debe estar encabezada por ciudadanos comprometidos con el país.
El funcionario también enmarcó su posicionamiento en una visión más amplia sobre el rumbo de México, al señalar que el país necesita mujeres y hombres que den un paso al frente para defender valores como la familia, la libertad y la patria. En ese sentido, vinculó la apertura del PAN con una oportunidad para construir una nueva etapa política donde la ciudadanía tenga un papel central.
Este mensaje se da en un contexto clave, donde el PAN busca redefinir su estrategia rumbo a los próximos procesos electorales, apostando por perfiles competitivos y con arraigo social. Bajo ese escenario, la declaración de Santiago de la Peña no solo se interpreta como un respaldo institucional, sino como una señal clara de que comienza a moverse el tablero político.
Cuando un actor de ese nivel afirma que acepta el reto, el mensaje va más allá de las palabras: se convierte en un indicio de lo que viene.
