En plena Guerra Fría, una decisión de segundos pudo haber cambiado el destino del planeta. Era 1983 cuando un sistema de alerta soviético detectó lo que parecía ser un ataque nuclear por parte de Estados Unidos.
Las alarmas se encendieron y todo indicaba que los misiles ya venían en camino. El protocolo marcaba una respuesta inmediata: contraatacar.
Pero hubo un detalle.
Un oficial llamado Stanislav Petrov decidió no seguir el protocolo al pie de la letra. Algo no le cuadraba. En lugar de activar la respuesta nuclear, optó por esperar.
Minutos después, se confirmó que todo había sido un error del sistema.
Ese momento evitó lo que pudo haber sido una guerra nuclear global. Años más tarde, su decisión sería reconocida como uno de los actos más importantes para la humanidad.
