Un estudio reciente en adultos mayores cognitivamente sanos encontró que niveles elevados de ácidos grasos omega-3, particularmente EPA y DHA, se asocian con mayor volumen total de materia blanca cerebral, así como con mejor desempeño en pruebas de memoria y velocidad de procesamiento.
La materia blanca es el tejido encargado de conectar distintas regiones del cerebro mediante fibras nerviosas recubiertas de mielina. Su integridad es clave para la comunicación neuronal eficiente y para funciones como la memoria, la atención y la función ejecutiva. Diversas investigaciones han señalado que su deterioro es uno de los primeros indicadores estructurales del envejecimiento cerebral.
De acuerdo con el estudio “Omega-3 Fatty Acids, Cognition, and Brain Volume in Older Adults” (PMID: 37759879), los participantes con mayores concentraciones de EPA, DHA y un índice omega-3 más elevado presentaron mayor volumen de sustancia blanca, mayor grosor de la corteza entorrinal —región relacionada con la memoria y afectada tempranamente en la enfermedad de Alzheimer— y mejores resultados en pruebas como el recuerdo diferido (RAVLT-DR) y la prueba Stroop de velocidad de procesamiento.
Investigaciones adicionales, como la revisión sistemática y metaanálisis de dosis-respuesta publicada en Nature en 2025 sobre suplementación con omega-3 y función cognitiva, sugieren que la ingesta adecuada de estos ácidos grasos puede estar asociada con beneficios modestos en el rendimiento cognitivo, especialmente en poblaciones mayores.
Especialistas señalan que el DHA es un componente estructural relevante de las membranas neuronales y de la mielina, mientras que el EPA participa en procesos antiinflamatorios que podrían influir en la salud cerebral.
Sin embargo, expertos advierten que la mayoría de los estudios muestran asociaciones y no prueban causalidad directa. Además, la suplementación con omega-3 debe evaluarse de manera individual y formar parte de un enfoque integral que incluya ejercicio, alimentación equilibrada, sueño adecuado y control de factores cardiovasculares.
La evidencia continúa acumulándose en torno al posible papel de los omega-3 en la preservación de la estructura cerebral durante el envejecimiento, aunque se requieren más ensayos clínicos de largo plazo para establecer recomendaciones definitivas.
