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Caracas.– Simpatizantes del oficialismo venezolano expresaron este domingo su expectativa de que la presión internacional derive en un acuerdo que permita la liberación del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, quienes fueron capturados tras una operación militar de Estados Unidos en Caracas el pasado 3 de enero de 2026.
Desde plazas públicas de la capital, afectos al gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) se reunieron para redactar cartas de apoyo y manifestar su respaldo a los líderes revolucionarios. Para Eduardo Cubillán, militante oficialista, la respuesta del chavismo ante la intervención extranjera debe ser “diplomática”. “Nuestra guerra va a ser diplomática (…) por esa presión mundial, por la presión y movilización en las calles en Venezuela, creemos que pudiera haber un acuerdo”, dijo desde Caracas.
Cubillán describió la respuesta popular como una mezcla de “dolor y rabia” por lo que llamó la “osadía” del gobierno de Estados Unidos, que ha sido elogiado por su operación de captura. Hasta ahora, la ofensiva, denominada Operación Absolute Resolve, incluyó bombardeos en la capital y la salida de Maduro y Flores rumbo a Nueva York, donde enfrentarán cargos federales por narcotráfico y narcoterrorismo, según autoridades estadounidenses.
Tras la captura de Maduro y Flores, el gobierno venezolano declaró a Delcy Rodríguez como presidenta encargada, según el artículo 233 de la Constitución venezolana. Rodríguez ha exigido pruebas de vida de Maduro y ha buscado consolidar la continuidad del gobierno bolivariano en medio de una situación interna y externa delicada.
Mientras tanto, sectores de la oposición y organizaciones civiles han pedido avances más claros en la liberación de presos políticos en el país, un reclamo que ha crecido tras la crisis generada por la intervención militar. ONG como Foro Penal han señalado que solo un porcentaje limitado de los alrededor de 700 detenidos ha sido excarcelado, pese a las declaraciones oficiales sobre la inexistencia de presos políticos.
Este caso se ha convertido en uno de los episodios más tensos en la relación entre Venezuela y Estados Unidos en décadas, reavivando debates sobre soberanía, justicia internacional y el futuro político del país latinoamericano.
