La neurocientífica Liset Menéndez de la Prida sostiene que el cerebro humano es una herramienta única que no solo permite la supervivencia, sino que hace posible la creación de cultura, la imaginación y la transformación del mundo. En su libro Cerebro, espacio y tiempo, la investigadora explica cómo funciona lo que denomina el “GPS neuronal”, un sistema biológico encargado de construir mapas mentales del entorno y que resulta esencial para la memoria, los sueños y la capacidad de proyectar futuros posibles.
De acuerdo con Menéndez de la Prida, la memoria no es un archivo exacto de lo vivido, sino una reconstrucción dinámica y editable, influida por las emociones y modificada cada vez que se recuerda. Este proceso permite al cerebro adaptarse, reinterpretar experiencias y aprender de ellas. Durante el sueño, señala, el cerebro realiza una labor de limpieza y reorganización de recuerdos, lo que favorece la creatividad y la generación de nuevas ideas.
Otro aspecto clave abordado por la neurocientífica es la percepción del tiempo. El llamado tiempo mental no siempre coincide con el tiempo físico, ya que depende de la atención y de la intensidad de las experiencias vividas. En este sentido, afirma que el tiempo es, en gran medida, una construcción de la memoria.
Menéndez de la Prida advierte que la sociedad contemporánea enfrenta un desafío importante: la exposición constante a estímulos rápidos y a la llamada dopamina artificial, generada por redes sociales, multitarea y consumo digital acelerado, está alterando el equilibrio neuronal. Frente a este escenario, destaca la importancia del aburrimiento y la tranquilidad como elementos necesarios para preservar la salud cognitiva y la capacidad de atención.
La investigadora subraya además que el cerebro humano evoluciona mucho más lento que la tecnología, lo que hace inevitable una coadaptación con las máquinas, especialmente a través de interfaces cerebro-computador. Sin embargo, este desfase ya está generando consecuencias visibles como estrés, ansiedad y agotamiento cognitivo en amplios sectores de la población.
Finalmente, la neurocientífica reconoce que, pese a los avances, la neurociencia aún enfrenta grandes interrogantes: qué es la conciencia, cuáles son los límites del conocimiento humano y hasta dónde puede expandirse la memoria. Preguntas que continúan impulsando la investigación sobre el órgano más complejo del ser humano.
