Ciudad de México, 15 de noviembre de 2025.– Miles de jóvenes pertenecientes a la llamada Generación Z y diversos colectivos ciudadanos se movilizaron este sábado desde el Ángel de la Independencia hasta Palacio Nacional, en una jornada que dejó una de las imágenes más contundentes del año: la caída de las vallas metálicas que resguardaban el recinto presidencial.
La protesta, convocada principalmente a través de redes sociales, tuvo como consigna principal “¡Fuera Claudia!”, en referencia a la presidenta Claudia Sheinbaum, a quien acusan de indiferencia ante la violencia, la impunidad y el deterioro de las condiciones de vida en el país.
Desde temprana hora, los contingentes avanzaron sobre Paseo de la Reforma portando pancartas, banderas y mensajes como “No somos bots” y “Narcoestado”. Muchos de los participantes marcharon encapuchados o en bloques organizados, lo que imprimió un tono de tensión a lo largo de la movilización.
“Estamos hartos”: voces desde la marcha
Los jóvenes calificaron la protesta como apartidista y legítima.
“Yo he estado en tres balaceras, me han apuntado con una pistola en la cabeza. Ya estoy harto”, declaró Toño Cárdenas, integrante del colectivo Somos Impacto. Otros participantes señalaron la inseguridad, la precariedad laboral y la falta de oportunidades como motivos centrales para salir a las calles.
Choque en Palacio Nacional y caída del cerco metálico
Al arribar al Zócalo, los manifestantes se encontraron con las vallas instaladas días antes por el gobierno capitalino. Con martillos, piedras y empujones, lograron derribar tramos completos de la estructura, un acto que fue celebrado entre gritos de “¡México, México!” mientras elementos policiales lanzaban gas lacrimógeno para intentar contener el avance.
La escena evocó un contraste histórico: cuatro décadas atrás, la entonces estudiante Claudia Sheinbaum participaba en marchas contra la represión gubernamental; hoy, desde la Presidencia, enfrenta reclamos similares.
La presencia de Raquel Ceja, símbolo del dolor nacional
Uno de los momentos más emotivos fue la llegada de Raquel Ceja, abuela del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, asesinado el 1 de noviembre.
En silla de ruedas, fue recibida al grito de: “¡Carlos, escucha, esta es tu lucha!”.
El homicidio del edil michoacano se convirtió en un detonante nacional que encendió la indignación de miles de jóvenes.
Una protesta sin la presidenta
Mientras el Zócalo vivía momentos de tensión, la presidenta Sheinbaum se encontraba en Campeche encabezando un acto público del programa Pensión Mujeres Bienestar. Su ausencia fue criticada por manifestantes, quienes la interpretaron como un acto de desdén hacia la movilización.
En días previos, la mandataria había descalificado la marcha, asegurando que “ni es de jóvenes” y que estaba impulsada por “la derecha internacional”.
La generación marcada por la violencia
A lo largo de la protesta, los testimonios reflejaron una realidad compartida:
— “No puedo emprender porque me van a pedir piso”, denunció un joven de Michoacán.
— “Vas al súper y no te alcanza. Queremos empleos dignos y seguridad”, señaló Sara, otra manifestante.
En un país con más de 133 mil personas desaparecidas, la protesta también recordó la crisis de derechos humanos que atraviesa México.
Una movilización que derribó más que vallas
Más allá de la caída del cerco metálico, la marcha derribó narrativas oficiales que cuestionaban la autenticidad de la protesta. Las imágenes difundidas en redes mostraron a miles de jóvenes, muchos manifestándose por primera vez, desafiando la represión y exigiendo ser escuchados.
Para muchos, el asesinato del alcalde Carlos Manzo significó un punto de quiebre; para otros, la protesta fue el inicio de un despertar generacional.
La manifestación concluyó con un mensaje unificado:
los jóvenes decidieron hacerse presentes, y lo hicieron frente a Palacio Nacional.
